“BOLA DE FUEGO” DE YAO NGUETTA: INTRODUCCIÓN

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Así como le coge al hombre la palabra, así se me ocurre levantarme por la causa del Añî. Nos someto a nosotros lo poco que pude pensar y decir.

Como están los tiempos, si no tenemos cuidado, tarde o temprano, como para otros tantos pueblos de Africa negra, será nuestra ruina: nuestra lengua y nuestra cultura habrán desaparecido por completo. Perderemos nuestro trocito de tela dentro del universal nzasâ  de todas las comunidades humanas. Será una gran catástrofe para nosotros, hoy y mañana.

Si no lo sabemos, que lo sepamos. De ello depende nuestro futuro; si lo sabemos, que no finjamos ignorarlo: que no hagamos la vista gor- da; que no nos hagamos los sordos; que no estemos más callados que muertos. Si lo sabemos y lo hemos dicho, habremos hecho algo, aunque quedará todavía mucho que hacer. El Añî tiene que prosperar gracias a nosotros; que se desarrolle e irradie de modo sostenido, por todas partes. Esto pide nuestro necesario empeño. Tal obra es inmensa; está por encima de las fuerzas de una sola persona.

Nuestro propósito se configura en dos apartados.

El primero, lo titulamos ‘‘¡Lo digo yo!’’. En él nos exhortamos a tomar en serio el Añî. Nuestro deseo es que invertamos nuestro ingenio, energía y tiempo en lo nuestro, para no perder el camino de nuestros pasos; que los Añî de la Posteridad no queden afligidos como unos huérfanos, obligados, además, a plantearse interrogantes sin respuesta.

El segundo apartado ofrece algunos textos literarios, en forma poética y en prosa.

A modo de apéndice, presentamos unos elementos de gramática y un léxico.

Está maduro el racimo de plátanos; con buenas frutas para futû. Sin embargo, ¡se ruega no se precipite a comérselo a deshora, en sopa sin carne!

Por YAO Nguetta, Bola de fuego, pp.71-72

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